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“Diego despierta en el gélido aire de la madrugada y asoma con cautela la cabeza que esconde bajo las mantas. Su madre le enseñó eso: a entibiar el cuerpo con el calor generado por la respiración. Al principio Diego pensó que se ahogaría, pero luego descubrió que dejando una especie de chimenea en lo alto de la cabeza la cosa funcionaba bien y realmente era mucho más confortable que respirar el frío cortante que entraba por las rotas ventanas.“Mientas se viste con los remendados vaqueros y sus zapatillas agujereadas, Diego piensa con nostalgia en cómo era antes, cuando la pobreza, pérfida e insidiosa, aún no acechaba su casa hasta conseguir enseñorearse de ella. Antes, cuando aún no habían cortado el gas y funcionaba la electricidad. Entonces la casa era cálida aunque afuera helara o soplara el viento. Se bañaban todos los días y miraban tevé.“Pero dos años atrás había cerrado la fábrica donde trabajaba su papá y él no había vuelto a conseguir empleo. Tampoco su hermano José. Hasta Celeste había sido despedida de la casa del dueño de la fábrica cuando éste se trasladó a otra provincia. Ahora sólo su mamá trabaja porque, por fortuna, no la habían cesanteado en la lavandería.“Diego se echa encima la campera de José, que le queda un poco grande pero tiene que servir igual porque la suya se la pasaron a Nicolás, su hermano pequeño. Antes de salir a la oscuridad del exterior, Diego toma un pedazo de pan que se irá comiendo por el camino. Le hubiera venido bien beber una buena taza de leche caliente, pero no hay. A decir verdad, tampoco hay té, ni yerba, ni azúcar.“Diego recoge los diarios y se dirige hacia su esquina para vocearlos. Mientas camina, lee en titulares que el Senado aprobó el presupuesto para la defensa. La cifra, de muchos ceros, le resulta incomprensible. Sólo entiende que con un número que incluya los últimos tres de esos ceros su familia podría vivir mejor, y tal vez hasta Nicolás se podría curar de esa tos que le hace escupir sangre y lagrimear los ojos”.
Gladys Mabel García
como una persona común y silvestre que soy y entiendo las necesidades te digo que me
ResponderEliminarme gusto, felicitaciones.
Por que sabemos tan poco de vos? Está bueno lo que escribís.
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